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Carisma y Espiritualidad

Carisma

 

misionesPor el carisma propio del Instituto, todos sus miembros deben trabajar, en suma docilidad al Espíritu Santo y dentro de la impronta de María, a fin de enseñorear para Jesucristo todo lo auténticamente humano, en las situaciones más difíciles y en las condiciones más adversas. 

 

Es decir, es la gracia de saber cómo obrar, en concreto, para prolongar a Cristo en las familias, en la educación, en los medios de comunicación, en los hombres de pensamiento y en toda legítima manifestación de la vida del hombre. Es el don de hacer que cada hombre sea, 'como una nueva Encarnación del Verbo', siendo esencialmente misioneros y marianos. Por eso, la misión, recibida del fundador y sancionada por la Iglesia, es llevar a plenitud las consecuencias de la Encarnación del Verbo, que es el 'compendio y raíz de todos los bienes', en especial al amplio mundo de la cultura, o sea a la 'manifestación del hombre como persona, comunidad, pueblo y nación.

 

Espiritualidad

 

Consideramos que nuestra Espiritualidad debe estar profundamente marcada por el misterio de la Encarnación en sus múltiples aspectos. Queremos estar anclados en el misterio sacrosanto de la Encarnación, que es 'el misterio primero y fundamental de Jesucristo', y desde allí lanzarnos osadamente a restaurar todas las cosas en Cristo (Ef 1,10). Queremos ser otra Encarnación del Verbo para encarnarlo en todo lo humano.

 

La religión católica 'es una doctrina, pero sobre todo es un acontecimiento: el acontecimiento de la Encarnación, Jesús, Hombre-Dios que ha recapitulado en sí el Universo (cf. Ef 1,10). 'Imposible es encontrar algo semejante al misterio de la Santísima Trinidad y de la Encarnación'. Del hecho de la Encarnación redentora queremos sacar luz y fuerzas siempre nuevas, ya que Jesucristo es fuente inexhausta de Ser, de Verdad, de Bondad, de Belleza, de Vida, de Amor.

 

¿Por qué "anclados en el misterio de la Encarnación"?

 

Porque deseamos vivir intensamente las virtudes de la Trascendencia, la Fe, la Esperanza y la Caridad, a fin de ser sal y luz del mundo, sin ser del mundo.

 

Porque queremos vivir intensamente las virtudes del anonadarse: humildad, justicia, sacrificio, pobreza, dolor, obediencia, amor misericordioso... en una palabra tomar la cruz (cf. Mt 16,24).

 

Hay que estar en el mundo y asumir en Cristo todo lo humano. No asumiendo solo lo que no es asumible, como el pecado, el error, la mentira, el mal. Para ello tomamos, como elementos fundamentales para permear con el Evangelio las culturas, las enseñanzas de la Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II, las exhortaciones apostólicas Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae; discursos del Papa Juan Pablo II, el documento de Puebla, la Carta Encíclica Slavorum Apostoli, la Carta Encíclica Redemptoris Missio, la exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, y todas las futuras directivas, orientaciones, enseñanzas del Magisterio ordinario de la Iglesia que puedan darse en el futuro sobre el fin específico de nuestra pequeña familia religiosa.

 

En: Nuestra Familia Religiosa

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